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Gastromotiva: el proyecto que quiere salvar al mundo a través de la comida

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Después de descubrir en la comida un canal para conectar consigo mismo, David Hertz tuvo una idea genial: crearía una ONG en la que la gastronomía cambiaría la vida de las personas en situación de desventaja.

Hoy este proyecto al que David bautizó en 2006 con el nombre de Gastromotiva tiene más de 300 proyectos activos, ha rescatado más de 95,000 kilos de alimentos desperdiciados y servido más de 113,400 comidas alrededor del mundo. En la primera charla interdisciplinaria organizada en CDMX por la organización en donde se conjuntaron las voces de chefs, académicos y productores tuvimos la oportunidad de intercambiar algunas palabras con su fundador.

La gastronomía social tiene muchas tesituras. ¿Hacia donde apunta la de Gastromotiva?

Es cierto, la gastronomía social puede interpretarse de mil maneras: puede llevarse a cabo en una villa, en una ciudad, donde sea, pero para nosotros en Gastromotiva lo más importante es la inclusión social. Con inclusión social quiero decir, darle a las personas dignidad, oportunidad y bienestar. Claro que queremos que la gente coma bien, pero nuestra visión está en la forma en la que planteamos los problemas más complejos. Existen temas como el hambre, la desnutrición, los desórdenes alimenticios; nosotros vemos a la comida como una herramienta potencial para erradicar esto, pero también muchos problemas más. Con la comida creamos una movimiento social para trabajar con otros, pues todos amamos la comida. Estamos orientados a la acción a través de la comida y nos interesa la gente orientada a la acción. Para mí, es ayudar a las personas a ser libres, empoderarlas, a través de la comida.

¿Qué hace que la gastronomía sea un vehículo poderoso para comunicarse y hacer un cambio social?

Por lo interdisciplinario que puede llegar a ser. Todos tenemos una relación con la comida. Tú comes porque aprecias la comida y esto sucede en todos los niveles sociales, pues te toca el corazón. Es una herramienta muy importante porque al ser emocional, construye puentes de diálogo. Te hace ser empático y desde la empatía se abren las oportunidades. Así lo he visto en proyectos de todo el mundo. En Berlín por ejemplo, abrieron una cocina para que los refugiados empezaran a enseñar a cocinar las cocinas de sus países. Lo que sucedió es que empezaron a sentirse empoderados y a tener ese sentido de pertenecia que les hacía falta. Al final la cocina logra empoderar, logra conectarte contigo mismo, da dignidad, disciplina, organización y conciencia. Massimo (Bottura) dice que hay que abrir la conciencia, pues ella lleva a la responsabilidad y de la responsabilidad es más fácil ir a la acción.

Sé que recientemente Gastromotiva ha inaugurado hubs en distintos puntos del mundo. ¿Cuál es el propósito de estos centros?

El propósito es convocar a un diálogo como lo estamos haciendo aquí. Lo que pasa es que en cada ciudad había grandes proyectos que no estaban interconectados. Por ejemplo, apenas fui a Camboya por segunda vez este año. Había dos restaurantes increíbles que estaban entrenaban a la gente en situación de desventaja, pero antes del hub, entre ellos no sabían de su existencia mutua. La segunda razón fue tener un espacio físico para exhibir los mejores proyectos de la ciudad y luego compartirlos con otras personas. En el caso de Río luchamos contra el excedente de alimentos, formamos a personas con algún problema de marginación, damos comidas gratis, lo cual es parte de la dignidad. Y al final lo que intentamos hacer es conectar todos nuestros proyectos a una gran nube. Actualmente tenemos 12 hubs en construcción alrededor del mundo y cada uno tiene su propia identidad. Así que el de Berlín o el de Zurich están trabajando más con los refugiados, por lo que entre ellos necesitan intercambiar metodologías. Todo esto para aumentar el impacto.

¿Cómo escala el impacto de esta conexión entre los países?

Para empezar estamos haciendo que la gente hable el mismo idioma. Todos podemos aprender unos de otros. Hay un grupo de trabajo de San Francisco, en Washington en donde de hecho estamos recibiendo a la comunidad académica. Todos estamos interconectados y nos reunimos una o dos veces al año para aprender unos de otros, meditar juntos, comer juntos y celebrar y aprender. Esto al final les da potencia a todos los proyectos.

(Con información de foodandwineespanol)

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