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viernes 23 de agosto del 2019

Científico logra revivir el cerebro de un cerdo muerto

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Resucitar un cerebro humano muerto: ese ha sido uno de los mayores retos de la ciencia de todos los tiempos, referencia permanente en la literatura y en el cine. Ahora, una serie de exitosos experimentos realizados en EU con sesos de cerdos abre nuevas esperanzas. Pero la cuestión se topa con dilemas éticos.



En teoría, no hay nada que impida que un científico diseñe una máquina de perfusión capaz de irrigar y revivir un cerebro humano, aseguró el fisiólogo Nenad Sestan a The New York Times. Junto a un equipo de especialistas de la Universidad de Yale (EU), este profesor de neurociencias y genética ha logrado por primera vez devolver la actividad a hemisferios extraídos de cabezas porcinas.

Los cerebros de los cerdos y los del Homo Sapiens tienen mucho en común. Y la tecnología perfeccionada por Sestan en la Universidad de Yale es, en sus palabras, “de código abierto”. Falta sólo probar que, una vez repetido el experimento con la perfusión de sangre en un cerebro humano post mortem, no se produzca algún tipo de actividad eléctrica que implique cierto nivel cognitivo.

“UNA PESADILLA PERPETUA”

En las pruebas de laboratorio de la Universidad de Yale, la actividad eléctrica de los sesos porcinos irrigados después de muertos, registrada por medio de encefalogramas, alcanzó un índice bispectral de 10 en una escala del 1 a 100 (la utilizada normalmente por los anestesiólogos). Ese nivel correspondería a un coma profundo, pero una investigación reciente ha demostrado que los pacientes comatosos son o pueden llegar a ser, en realidad, capaces de comunicarse.



Sestan reveló al corresponsal del diario cuál sería el peor escenario posible para un cerebro parcialmente devuelto a la vida: se vería atrapado en una “pesadilla febril”, reviviendo perpetuamente el momento mismo de su muerte (lo último que llegó a sentir antes de fallecer, lo que en el caso de los cerdos sería el horror de su sacrificio). “No hay entradas, no hay salidas. Dentro de tu cerebro, nadie puede oírte gritar”.

Para evitar esta pesadilla en los cerebros de los cerdos, el laboratorio les irrigó bloqueadores de canales, que redujeron el acceso de la sangre o sus sustitutos a los vasos que alimentan los hemisferios y, con ello, rebajó la actividad cerebral. De cualquier manera, el investigador duda que los cerebros sometidos a perfusión recobren una conciencia real.

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