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LA OBESIDAD INFANTIL

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En los últimos 40 años, el número de niños obesos en el mundo se ha multiplicado por diez, y, de mantenerse las condiciones actuales, para 2022 habrá más población infantil y adolescente con obesidad que desnutrida, calcula este estudio.
Otro de los aspectos destacados es que la tendencia al sobrepeso crece especialmente en los países en desarrollo, mientras que se ha estancado en las naciones ricas. “Estas tendencias preocupantes reflejan el impacto de la mercadotecnia de la comida en todo el mundo y el hecho de que la comida sana sea demasiado cara para ser adquirida por las familias pobres”, explicó en una videoconferencia desde Londres Majid Ezzati, principal autor del texto. Consultado sobre las razones por las que se ha estancado en los países ricos, explicó que seguramente “en los primeros años de la década de 2000 se dieron cuenta de la tendencia al alza de los índices de obesidad y reaccionaron aplicando políticas públicas que al menos frenaron el crecimiento exponencial”.
Y ¿por qué es preocupante que los niños y los jóvenes sean obesos? La salud es una de las principales fuentes de bienestar de las personas. Es también uno de los principales componentes del llamado capital humano y, como tal, uno de los determinantes del crecimiento económico y la pobreza de cualquier país. Los niños obesos y con sobrepeso tienden a seguir siendo obesos en la edad adulta y tienen más probabilidades de padecer a edades más tempranas enfermedades no transmisibles como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. El sistema de salud mexicano no podrá resistir esas cargas financieras de las enfermedades crónicas.
El sobrepeso y la obesidad son, en gran medida, prevenibles. Por consiguiente, hay que dar una gran prioridad a la prevención de la obesidad infantil. Según la OMS, la causa fundamental del sobrepeso y la obesidad infantil es atribuible a varios factores, tales como: el cambio dietético mundial hacia un aumento de la ingesta de alimentos hipercalóricos con abundantes grasas y azúcares, pero con escasas vitaminas, minerales y otros micronutrientes saludables.


También obedece a un cambio social que no está relacionado únicamente con el comportamiento del niño, sino también cada vez más con el desarrollo social y económico y, desde luego, con los malos hábitos de su entorno familiar. También hay que considerar que se ha presentado una disminución de la actividad física en niños y jóvenes debido al aumento de la naturaleza sedentaria de muchas actividades recreativas, tales como la televisión y los videojuegos.
No podemos dejar de lado que nuestro país es el principal consumidor de refrescos y bebidas azucaradas, promediando 163 litros por persona al año. Actualmente, México ocupa el primer lugar mundial en obesidad infantil, y el segundo en obesidad en adultos, precedido sólo por Estados Unidos. Problema que está presente no sólo en la infancia y la adolescencia, sino también en población en edad preescolar. Datos de la Ensanut (Encuesta Nacional de Salud y Nutrición) indican que uno de cada tres adolescentes de entre 12 y 19 años presenta sobrepeso u obesidad. Para los escolares, la prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad ascendió un promedio de 26% para ambos sexos, lo cual representa más de 4.1 millones de escolares conviviendo con este problema.
En cuanto a la prevalencia de obesidad en niños por entidad federativa en México, son seis las entidades que pasan de 20 por ciento de su población: Baja California Sur, Campeche, Nuevo León, Tabasco, Tamaulipas y Yucatán, en orden alfabético.
Los hábitos alimenticios comienzan en casa. Soy mamá de una preescolar de seis años, quien me cuenta que a sus compañeros les mandan de lunch, por ejemplo: salami, salchichas, refrescos, pan de dulce, tamales, golosinas, etcétera. Así que para combatir este problema grave es esencial crear una educación integral respecto de los hábitos y dietas que pueden ayudar a mejorar la salud de nuestros niños.
El cambio está en todos, no permitamos que nuestros niños sigan enfermando y muriendo por causas como ésta. El sobrepeso y la obesidad son condiciones de salud prevenibles. Las políticas, los entornos, las escuelas y las comunidades son fundamentales, pues condicionan las decisiones de los padres y los niños, y pueden hacer que los alimentos más saludables y la actividad física regular sean la opción más sencilla, previniendo, así, la obesidad.

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