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ACUERDO UE-MÉXICO, MÁS FACTIBLE QUE EL TLCAN

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A brincar el charco… A diferencia del affair que registra el TLCAN, el Acuerdo Global entre México y la Unión Europea vive un proceso de modernización y no de renegociación. Esto se desprende del trabajo del Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques (CEIGB), del Senado de la República.
Y es que el 8 de diciembre próximo se cumplen 20 años de la firma del Acuerdo de Asociación Comercial, Diálogo Político y Cooperación entre la Unión Europea (UE) y México, o Acuerdo Global (AG); cuando desde su entrada en vigor, éste ha sido el instrumento jurídico rector de esa significada relación bilateral.
Los equipos negociadores de México y la Unión Europea reflejan su interés de que para finales de este año, se cuente con una versión final del AG, lista para ser sometida a los procesos de ratificación de cada una de las partes.
Tanto México y la Unión Europea, como el escenario internacional, se han transformado de forma considerable desde hace 20 años cuando se negoció dicho Acuerdo entre ambos actores. Los cambios atestiguados en las últimas décadas explican, por sí solos, la necesidad de una revisión, modernización y negociación de nuevos términos y condiciones en sus relaciones.
Si a ello se agrega el renovado esfuerzo de la política exterior mexicana por diversificar los vínculos comerciales del país, ante la amenaza de Donald Trump de renunciar al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la modernización del AG entre México y la UE adquiere un nivel de urgencia.


En la investigación publicada por el CEIGB intitulada “Proceso de modernización del Acuerdo Global entre México y la Unión Europea”, la investigadora Carla Delgado Chiaberto analiza las causas y desarrollo del proceso de modernización del AG entre México y la UE.
En primer lugar realiza una revisión histórica de la relación bilateral y los cambios más determinantes que han sufrido sus protagonistas; luego identifica y analiza los resultados más contundentes del AG en sus tres pilares: diálogo político, acuerdo comercial y cooperación. Finalmente, subraya los procedimientos y el avance que ha tenido hasta ahora el proceso de modernización.
A diferencia del TLCAN, el AG es de modernización y no de renegociación, por lo que las negociaciones radican, sobre todo, en discutir temas que corresponden a la nueva realidad del sistema internacional:
– Anticorrupción, buenas prácticas y transparencia, coherencia regulatoria, competencia, compras públicas, derechos de propiedad intelectual, desarrollo y comercio sustentable, empresas productivas del Estado, energía y materias primas, facilitación del comercio, inversiones, medidas sanitarias y fitosanitarias, pequeñas y medianas empresas (PyMEs), reglas de origen, servicios, solución de controversias y subsidios.
Tres los más sensibles temas en la negociación: definir un mecanismo de solución de controversias entre inversionistas y Estado, indicaciones geográficas para determinados bienes, y productos agrícolas.
Aunque corresponden a la parte comercial del Acuerdo, se debe reflexionar sobre el trasfondo político donde ambos actores buscan posicionarse en un escenario cuando EU dejó de ser referente del liberalismo comercial. México trabaja por ganar certidumbre y abrir la diversificación; por su parte, la UE busca ganar espacio al promover sus mecanismos en el sistema internacional.
El tema que mayor debate podría suscitar en la discusión parlamentaria europea (y en la sociedad civil), gira en torno a los desafíos en materia de derechos humanos en México; sin embargo, es poco probable que esto repercuta en el rechazo del acuerdo.
En tanto, ambos equipos negociadores mantienen su voluntad de finalizar este año con una versión concluyente que pueda ser sometida a la ratificación de cada parte. Esto, contra la incertidumbre que ensombrece las “renegociaciones” con la Unión Americana…

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